El poder de comenzar el día contigo…

Recientemente terminé de leer El Club de las 5 de la mañana, de Robin Sharma. Esta lectura viene a completar, para mí, una trilogía de libros fáciles de leer, que están escritos en forma de fábulas, pero que contienen ideas valiosas sobre cómo organizarnos mejor y vivir de forma más equilibrada.

No voy a hacer una reseña. Más bien, quiero compartir lo que me dejó esta lectura desde mi experiencia, lo que pude identificar como valioso y aplicable, y cómo algunas de sus propuestas me hicieron reflexionar sobre mi propia forma de empezar el día y encarar la jornada laboral.

Mi intención con este artículo es que quienes lo lean también se animen a revisar el libro y, más importante aún, a sacar sus propias conclusiones. Como todo lo que leemos, al final se trata de qué logramos incorporar en nuestra vida diaria.

La primera hora del día, para uno mismo
Una de las ideas que más me hizo sentido fue la de reservar la primera hora del día para uno mismo. No es una hora para atender compromisos, ni para adelantar trabajo, ni para resolver pendientes. Es una hora para enfocarse en lo personal, sin interrupciones.

El autor propone dividir esa hora en tres bloques de 20 minutos, lo que me pareció una forma muy práctica de abordarlo. Aunque no lo he logrado convertir en un hábito firme todavía, sí he estado ensayando algunos de estos elementos por separado, y noto una diferencia clara cuando logro aplicarlos.

En mi caso, la parte de mover el cuerpo ha sido la más difícil de implementar. Me cuesta levantarme directamente a hacer ejercicio, aunque algunos estiramientos o movimientos suaves sí los he venido incorporando. Lo que sí he podido mantener con más regularidad es el espacio para calmar la mente. No necesito mucho: unos minutos de respiración o simplemente estar en silencio, sin teléfono y sin pantalla, me permiten empezar el día más centrado.

Y finalmente, dedicar ese primer tramo de la mañana a leer, estudiar o pensar en algo relacionado con mi desarrollo profesional me resulta particularmente productivo. Desde que era estudiante he notado que rindo mucho más a primera hora, y ahora, más que nunca, aprovecho esa claridad mental para avanzar en temas que requieren atención y análisis.

Aprovechar lo mejor del día para lo más difícil
Otra de las cosas que rescaté de esta lectura tiene que ver con el uso de la energía a lo largo del día. Muchas veces uno arranca la jornada resolviendo lo que parece urgente —responder mensajes, revisar correos, atender asuntos menores—, y termina dejando para más tarde lo que realmente exige concentración.

La propuesta que me hizo reflexionar es muy sencilla: usar los primeros 90 minutos del trabajo para abordar las tareas más exigentes. A eso que requiere enfoque real y que muchas veces uno tiende a postergar.

Esto lo he venido aplicando con buenos resultados. Cuando comienzo el día con lo más complejo, el resto fluye mejor. Lo contrario, que es lo habitual, implica muchas veces llegar al final del día con la sensación de que lo importante sigue pendiente.

Hacer pausas también es parte del trabajo
Un último punto que me pareció relevante es el de las pausas activas. No me refiero a parar por parar, ni a perder el foco cada veinte minutos, sino a hacer una o dos pausas bien pensadas durante la jornada, que nos permitan recargar y volver a la tarea con más claridad.

A veces basta con levantarse del puesto, caminar unos minutos, escuchar algo de música o simplemente tomar un café. Ese tipo de pausas bien hechas, lejos de interrumpir el trabajo, pueden ser el momento justo para evitar que se deteriore el rendimiento.

En contextos laborales exigentes, esto se vuelve aún más importante. No se trata de bajar la productividad, sino de sostenerla en el tiempo sin agotarnos en el intento. Y si estamos trabajando en equipo, entender esto también ayuda a cuidar el ritmo del grupo.

Para cerrar
La lectura de este libro me sirvió como punto de partida para revisar algunos hábitos y tratar de incorporar pequeñas mejoras en mi día a día. No estoy aplicando todo al pie de la letra ni tengo una rutina perfecta, pero sí me he quedado con varias ideas que, al probarlas, han tenido impacto.

Mi recomendación es que quien tenga la oportunidad de leer el libro lo haga con calma, y que luego cada quien saque sus propias conclusiones. No se trata de copiar fórmulas, sino de reconocer qué puede ayudarnos a tener días más ordenados, más llevaderos y, en definitiva, más satisfactorios.

Publicado por joseluisgomesdf

Analítico, observador e inconforme con lo establecido. Creo que todo se puede mejorar aplicando cambios graduales. Prefiero evolución a cambio disruptivo.

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